¡Ah! Cuando os encontréis en ese mundo que ha de aprisionaros con sus mil atractivos y seducciones, no os acordaréis del viejo Albrit, a quien dejáis en Jerusa aposentado de limosna.

NELL, abrazándole.

Papaíto de mi alma, no digas que te olvidamos, porque me enfadaré contigo. Ni yo ni Dolly podemos olvidarte. Las dos te queremos lo mismo. Te escribiremos cartitas, y tú a nosotras también, pidiéndonos lo que te haga falta. ¿Qué quieres, qué deseas?

EL CONDE

Por el momento, que despierte tu mamá.

NELL

¡Si está despierta! Apenas ha dormido veinte minutos.

LA ALCALDESA

Pues voy allá, oficiando de introductora de embajadores.

EL CONDE