SENÉN, turbado por la rabia.

Si no digo nada; si yo... si es que...

LUCRECIA

Por favor, arrójenme de aquí a este hombre, y a su paso vayan echando ácido fénico.

EL ALCALDE, con un castañeteo de lengua, como el que se emplea para despedir a un perro.

¡Eh... tú...!

SENÉN, al salir, todo uñas, bufando.

Ácido fénico... Por donde ella vaya... hace más falta... y lo pruebo.

ESCENA VII

LUCRECIA, EL ALCALDE, LA ALCALDESA, después NELL.