LUCRECIA, sorprendiendo a todos con su inesperada serenidad y alegría.

¿Queréis que os diga la verdad? Pues mi ilustre suegro, que me inspiraba un pavor horrible, ya no... Es raro... Vamos, que ya no le temo.

NELL, entrando a la carrera.

Mamita, por más que le digo al abuelo que mañana, insiste en que ha de verte hoy.

LUCRECIA

Hoy, sí...

LA ALCALDESA

¿Le digo que...?

LUCRECIA, a Nell.

Ve tú, hija, y suéltame al león. (Sale Nell gozosa, y se precipita por la escalera.)