EL ALCALDE

Nos pondremos todos en guardia detrás de esa puerta, ¡trómpolis! y en cuanto oigamos el menor rugido...

LUCRECIA, con locuacidad nerviosa.

No es necesario... ¿No me ven tan tranquila? Me siento ahora muy bien, despejada, casi alegre, y con ganas de ver a mi papá político, y de pasarle la mano por la melena... Es que mi espíritu se ha refrescado, soy otra... aire nuevo en mí. (Óyese el tardo paso de Albrit en la escalera, y la vibrante voz de Nell.) El león sube. ¡Pobre viejo!... Ya, ya está aquí... Ya llega... Déjenme sola con él.

EL ALCALDE

Por aquí.

(Vanse por la puerta de la alcoba.)

ESCENA VIII

LUCRECIA, EL CONDE

EL CONDE