LUCRECIA
En ninguna situación será el Conde de Albrit un extraño para mí. Nell y Dolly vendrán conmigo a verle... en la temporadita de verano... y usted, como ahora, a las dos las querrá por igual... por igual. Esa es condición indispensable para la concordia de nuestras almas, de que usted me hablaba. Dejemos el misterio allá, ante Dios que lo ve, y atengámonos a la realidad... convencional, a la realidad de la ley.
EL CONDE, con arranque.
No... ¡Maldita sea la ley...! La Naturaleza...
LUCRECIA
¡La Naturaleza, no... la ley!
EL CONDE, encrespándose.
No, no. Abomino de una ley infame. Quiero a mi nieta; me pertenece, la reclamo, y usted me la dará.
LUCRECIA
A mí me pertenecen las dos: las he llevado en mi seno.