D. PÍO, con hermosa ingenuidad.
Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor? ¿En dónde está la verdad?
EL CONDE, abrazando a Dolly.
Aquí... (Como quien vuelve de un desvanecimiento.) Dime, amigo Coronado, ¿he dicho muchos disparates? Porque siento que vuelve a mí la razón. Esta chiquilla, trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo, trepidando, recobro mi equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella sola me ama, y consagra a este pobre viejo su florida juventud.
DOLLY, besándole.
Albrit, ¿quién te quiere?
EL CONDE
Tú sola.
DOLLY
No te llamaré Albrit, sino Abuelo.