—Pero mujer, si no tienes otro motivo que este... cálmate. Veremos lo que pasa después...

—Bobo, yo adivino, y mis celos tienen mil ojos—me dijo meciéndose tan fuerte que creí se volcaba la mecedora.—Nada sé positivo, y sin embargo, algo hay, algo hay... Te dije que Irene me parecía muy buena. ¡Guasa! es que nos engañaba del modo más... Mira, yo he sorprendido en ella... ¡Ay! yo soy tonta; pero sé conocer cuándo una mujer trae enredos consigo, por mucho que lo disimule. Irene nos engaña á todos. ¡Es una hipócrita!


XXXI

¡Es una hipócrita!

Esto caía sobre mi mente como recio martillazo sobre el yunque, y hacía vibrar mi sér todo.

—Pero Lica, cálmate, razona...

—Yo no calculo, tonto; yo siento, yo adivino, yo soy mujer.

—¿Qué has visto?

—Pues últimamente Irene daba muy mal las lecciones. Iba para atrás como los cangrejos. Lo enseñaba todo al revés... Una tarde... Ahora doy más importancia á estas cosas... la pillé leyendo una carta. Cuando entré la guardó precipitadamente. Tenía los ojos encendidos... Luego este afán de ir á casa de su tía... ¡Qué fresco! Voy comprendiendo que también la tía es buena lámpara...