—Eso... lo veríamos. Yo hablaría...
—Y dirías mu...
—Hombre, la vanidad, la suficiencia, el tupé de estos señores sabios es verdaderamente insoportable. Ellos no hacen nada, ellos no sirven para nada; son un rebaño de idiotas...
Y se amoscaba más.
—Pero la vanidad del ignorante,—dije yo,—además de insoportable es desastrosa, porque funda y perfecciona la escuela de la vulgaridad.
—Pues mira como estamos, gobernados por tanto sabio.
—Mira como estamos, gobernados por tanto necio.
—No señor.
Se puso pálido.
—Pues sí señor.