—Pero Miquis, que es tarde, y...
—Á ver, Sanchez, Sanchez.
Sanchez, que era el otro médico, se acercó.
—Á ver, aquella, la que vimos antes. Es la única res que vale algo. La segoviana... ahí está, la que tiene una oreja menos, porque se la comió un cerdo cuando era niña.
—¿Es buena?
—Bastante buena, primeriza, inocentísima. Me ha contado que era pastora. No recuerda de donde le vino la desgracia, ni sabe quien fué el Melibeo... Esta gente es así. Suele resultar que las ignorantonas saben más que Merlín. Allí está. Vea usted qué facciones, jamás lavadas... Creo que para salir del paso... ¿Es para un sobrinito de usted?
—Y ahijado por más señas.
—Á veces más vale un padrino que un padre... Diga usted, ¿es cierto que José María se ha hecho hombre de distracciones?... Ahora le veo todos los días. Es vecino mío.
—¡Vecino de usted!
—Sí; vivo allá por Santa Bárbara. En el tercero de mi casa se nos ha metido hace tres días una señora...