¡Maldito Calígula! Sin género de duda, quería desviarme de mi objeto, distraerme, interponerse entre Irene y yo con pretextos rebuscados.
—¡Ah!—exclamó con aspavientos que me causaron frío,—¿no has visto lo que dicen de tí los periódicos?... Te ponen en las nubes. Mira, Irene, trae La Correspondencia de la mañana. Allí está sobre mi cómoda.
Irene salió. Observé (yo lo observaba todo) que tardaba más tiempo del que se necesita para traer un papel que está sobre una cómoda. Vino al fin, trajo el periódico y me lo puso delante. Sobre el periódico había un papelito pequeño, y en él, escritas con lapiz y al parecer rápidamente, estas palabras: Ha venido usted tarde. Nunca hace las cosas á tiempo. No puedo hablar delante de mi tía. Me pasan cosas tremendas. Despídase usted diciendo que no vuelve en una semana y vuelva después de las tres.
Haciendo que leía La Correspondencia guardé con disimulo el papelejo. Irene me parecía desmejoradísima. Palidez suma y tristeza confirmaban, diluidas en la tinta suave de su semblante, la veracidad de aquellas cosas tremendas. Y yo, puesto en guardia con lo que el papel decía, hablé de lo que no me importaba, de lo alegre de la casa, de sus buenas vistas y...
—¿Pero no sabes, Máximo—me dijo Calígula de improviso,—que anoche hemos tenido ladrones en casa? ¡Qué susto, Dios mío!
—¡Señora!
—Ladrones, sí, lo que oyes... una cosa atroz. Esa Melchora que duerme como un palo, dice que no oyó ni vió nada... Te contaré... Yo duermo ahora muy mal... estos tunantes de nervios... Serían las dos de la madrugada, cuando sentí ruido en una puerta. Levantéme, llamé á Irene... Esta asegura que dormía profundamente... Yo tenía un miedo... ya puedes figurarte. En fin, que alboroté toda la casa. Melchora dice que yo veo fantasmas... Podrá ser que mis nervios... pero juraría que á la claridad de la luna... porque no encontré los malditos fósforos... á la claridad de la luna ví un hombre que escapaba...
—¿Por la ventana?
—No, por la puerta de la escalera.
Miré á Irene para ver qué decía sobre las fantásticas apariciones, pero en aquel momento se levantaba y salía diciendo: