—¿Sabes cuáles son mis armas? La publicidad, el escándalo, son espadas de dos filos que hieren á tí y á mi protegida. Pero no importa: es inocente. Dios cuidará de ella. Te amenazo, pues, con la publicidad, con el escándalo, y además con el juez.
—Dale, si no es eso...
—¿Cómo que no es eso?... Veremos. Ten presente lo que acabo de decir: el juez...
—¿Pero qué juez ni qué niño muerto?
—En cambio, si esto se queda así, si me prometes no volver á poner los piés en esta casa, habrá paz; tu mujer no sabrá nada, y puedes dedicarte tranquilamente á la vida pública.
—Hombre, te estoy oyendo—gritó mi hermano envalentonándose mucho y cruzándose de brazos,—y no sé qué pensar... ¡Estamos bonitos!... ¿Qué significa esto? Te he oido con paciencia; pero ya no la tengo... Con que es decir que yo soy un criminal, un no sé qué, un... Tus filosofías me apestan... No habrá más remedio que tomarlo á risa... Y en último caso, ¿á qué se reduce todo?... Á nada, á una bobada... Tanta bulla, tanta ponderación y tanta soflama por una cosa sin maldita importancia. Estos sabios son verdaderamente idiotas... Que se me haya antojado decir cuatro tonterías á Irene. ¡Por amor de Dios, hombre! que aquí en esta casa le haya dicho también cuatro tonterías, ó cinco... ¡por amor de Dios! ¿es eso motivo?... Ni sé como te escucho...
—Quedamos en que esto se acabó—dije, gozoso de verle batiéndose en retirada.
—Pero si no se ha empezado, si no hay nada, si todo es figuración tuya... Francamente, yo no sé cómo te aguantan tus amigos... Si te casaras, tu mujer se tiraría por el viaducto y tus hijos te maldecirían. Eres muy plantillero, el colmo de la impertinencia, de la pedantería y del entrometimiento. Vamos, que si no conociera tus buenas cualidades...
—Quedamos en que no volverás más aquí.
—Eres tonto... Como si yo tuviera algún interés en ello... Eso bien lo puedes creer, y si hay algo aquí que me ha costado el dinero, interprétalo con más caridad, hombre, atribúyelo á compasión de esta desgraciada familia. Dime tú, ¿los beneficios se hacen públicamente ó con cierto recato? Al menos yo he aprendido que la caridad debe practicarse en silencio. Vosotros los filósofos lo entendeis de otro modo.