—Como si lo oyera... Á quien quiero oir cantar es á usted... Si usted me hiciera el favor de sentarse en esa butaca y contestarme á dos ó tres preguntas...

—Ahora mismo, amigo Manso... Déjeme usted buscar una cosa que estaba cosiendo para mi tía. Es una bata que deshizo y volvió á armar, y luego desbarató para hacerla de nuevo. Esta es la tercera edición de la bata. Aguarde usted... aquí tengo ya mi costura.


XLI

La pícara se sentó con la espalda á la luz.

Había entornado las maderas del balcón para atenuar la viva claridad del día, y de esta manera su rostro estaba en sombra. Todos estos procedimientos denotaban su práctica en el arte del disimulo.

—Vamos á ver: ¿cuándo vió usted por primera vez á Manuel Peña?

Inclinado el rostro sobre la costura, yo no podía verla bien mientras me contestaba con humilde voz de escolar:

—Una noche, cuando entró con usted en el comedor á tomar un refresco...

—¿Habló él con usted en aquellos días?