Y al quitarse la bata probada, quedó la señora un poco menos vestida de lo que es uso y costumbre, sobre todo delante de caballeros extraños.
—¡Eh! no se vaya usted, hombre; confianza, confianza. Ya saben todos que no soy gazmoña. ¿Qué se me ve? nada. Ya estaba usted enterado de que por mis barrios...
Al decir por mis barrios, se pasaba suavemente las manos por los hermosos, blancos y redondeados hombros. Y continuó la frase así:
—... no se usan almacenes de huesos... Eso se deja para ciertas sílfides que yo me sé... ¡Qué alones! En fin, no quiero enfadarme.
Vistióse prontamente.
—Lo que es sombrero—me dijo mirándome como si se mirara al espejo,—no pienso ponérmelo. Mi cara no pide teja... ¿no es verdad?... Venga la mantilla, Andrea... Date prisa, mujer, que está el señor catedrático esperando.
Decidido á complacerla, la acompañé, estrenando coche y dándonos mucho tono por aquellas calles de Dios. Yo me reía y ella también. Por el camino, la conversación ofrecióme oportunidad para decirle algo de la famosa licencia, y al oirme se enfadó, aunque no tanto como antes, alzando demasiadamente la voz.
—Vamos, que me está usted buscando el genio... Pues le tengo fuertecito. Si vuelvo á oir hablar de la maestra... ¿Á que mando parar el coche y le pongo á usted en medio del arroyo?...
En la casa ví horrores. Había puertas pintadas de azul, techos por donde corrían ciervos, angelitos dorados en los zócalos, muchos vidrios de colores por todas partes, papeles de follaje verde con cenefa de amaranto, bellotas de plata en las jambas, rosetones con ninfas tísicas ó hidrópicas, cisnes nadando en sulfato de hierro, y otras mil herejías. Para la extirpación general de ellas habría sido preciso un gran auto de fé. Era tarde ya para hacerlo, y sólo pude disponer algo que remendara y corrigiera el daño; pero sin dejar de hacer á mi vecina cumplidos elogios del decorado de su suntuosa vivienda.
También estuvimos á ver la que me destinaba, que me pareció muy bonita. Doña Javiera hizo la distribución previa, anticipándose á mis gustos y deseos.