No me dejaba á sol ni sombra.
Bendiciones mil á mi cariñosa vecina, que sin duda se había propuesto hacerme agradable la vida y reconciliarme con lo humano. ¡Ley de las compensaciones, te desconocerán los que arrastran una vida árida, en las estepas del estudio; pero los que una vez entraron en las frescas vegas de la realidad...! Abajo las metafísicas, y sigamos.
Fatigadillo estaba yo una mañana, cuando... tilín. Era Ruperto, que me pareció más negro que la misma usura.
—Mi ama que vaya luego...
—Ya me cayó que hacer. ¿Qué ocurre? Voy al instante.
Hallé á Lica muy alarmada porque en el largo espacio de tres días no había ido yo á su casa. En verdad era caso extraño; me disculpé con mis quehaceres, y ella me puso de ingrato y descastado que no había por donde cogerme.
—Pues verás para lo que te he llamado, chinito. Es preciso que acompañes á D. Pedro...
—¿Y quién es D. Pedro?
—¡Ay qué fresco! Es el padre de Robustiana, ese señor tan bueno... Es preciso que le busques papeleta para ver la Historia Natural.
—¡Qué más Historia Natural que él y toda su familia!