—Me voy á mi cuarto.

—¿Va usted á leer?—dije siguiéndola y llevándole la luz.

—Es tardísimo... Veré si me duermo al momento. Mañana...

—¿Mañana, qué?

—Digo que mañana será otro día, y hablaremos de aquello...

—Hablaremos de aquello...—repetí sintiendo en mi pensamiento el estímulo que los novelistas llaman un mundo de ideas, y en mis labios cosquilleo de palabras impacientes.

Pero ella me quitó de las manos la luz, entró en su cuarto con una presteza que me parecía resbaladiza, dióme las buenas noches, y á poco sentí el ruido de la llave cerrando por dentro. Después dió un golpecito en la madera, como para llamarme, si me alejaba, y dijo:

—Tráigame usted lo que me prometió.

—¿Qué, criatura?—le pregunté, sospechando, en un momento de ansiedad, que le había prometido mi vida toda entera.

—¡Qué memoria! La Gramática inglesa de Ahn...