—¡Ah! ya... bueno...

—Y los dos lápices de Faber, números 2 y 3.

—Vamos, acabe usted de pedir. Pida usted el sol y la luna...

—No sea usted tremendo... Abur.

—No se fatigue usted la imaginación con la lectura...

—Si me estoy durmiendo ya.

—Eso es, descansar... buenas noches.

—Pero qué, ¿todavía está usted ahí, amigo Manso?

—Creí que ya estaba usted dormida.

—Hombre, si estoy rezando... Adios.