—Cosas muy raras ve una en los espejos: yo me miré una noche, y vi a mi madre, que murió lejos de mí.

Y él:

—Tu madre murió en Buenos Aires.

Y ella, con asombro y risa:

—¿Qué estás diciendo?

Y él:

—Si me niegas que eres americana, no he dicho nada.

Empleando de nuevo la burla campesina, la hermosa hembra declaró que no podían seguir juntos si él no ponía freno a sus dislates, y terminó con esta saetilla:

—Explícame, hombre de Dios, cómo puede ser americana la que ha nacido, como yo, en Matalebreras, lugar a dos leguas de aquí, camino de Soria.

—¿Qué nacido puede asegurar el lugar de su nacimiento? En cuanto al nombre, si el mundo engañado te conoce por Pascuala, para mí, desengañado, Cintia eres y Cintia te llamaré.