Gil se incorporó para ver a su compañero; pero la claridad de luna que por la reja entraba era tan pobre, que uno a otro se reconocían tan solo como bultos o sombras vivificadas por la palabra. Secamente dijo el caballero:

—Yo maté a Zurdo Gaitín porque debí matarle, que así me lo aconsejaron San Basilio y San Agustín... «Cuando no quieran darte lo tuyo, tómalo.» Yo no podía tomarlo sin destripar antes al cerdo. Ya sabe usted, amigo, que a cada puerco le llega su San Martín. Me quedé con las ganas de pegar fuego a Calatañazor...

—Pues yo le aseguro a usted —dijo el otro— que si nunca he matado a nadie, tampoco puse mis manos en quemazón de paneras y trojes, como han hecho otros, movidos de venganza. Siempre fui honrado, y de mi buena conducta podrá dar fe todo el gentío de estos pueblos.

Extremado ya en la incongruencia, habló Gil de este modo:

—Pues usted conoce al dedillo estos terrenos, dígame si cae por aquí cerca Zorita de los Canes... porque ha de saber usted que yo soy Conde... ¿se va usted enterando?... Conde de Zorita de los Canes.

—Lejos está ese pueblo... allá por tierra de Pastrana y Mondéjar, tocando a los mojones de Cuenca... Orilla de Zorita, en un pueblo que llaman Almonacid, tengo yo una prima casada con Cristino Angosto, natural de Tetas de Viana, que cae hacia esta parte... ¿Conque dice que es Conde? Querrá decir que esconde algo...

—Conde soy, y si lo duda, ahí están los libros del Becerro, que se lo dirán.

—Pues yo soy Marqués de Rebollosa de Jadraque —afirmó el otro riendo—, y aquí todos somos de la grandeza.

—Mi condado es Zorita de los Canes. Y yo quiero que usted me informe de si aquel pueblo lleva tal nombre porque hay en él muchos perros... quiero decir, Gaitones.

—Perros habrá de caza y de campo, y Gaitones no han de faltar, que son los animales más propagados en esta comarca. Por acá conozco a don Ramiro, don Crisanto y don Manuel Gaitón. Este es el más pudiente... cocido en dinero; y para redondearse se ha casado con la hija de un señor riquísimo que vive allá por Riaza, y le llaman don Gaitán de Sepúlveda, propietario de tierras, dueño de tantos ganados, que con ellos podría estrellar de ovejas el cielo.