El gozo que esto le produjo le animó extraordinariamente.
—Ó me engaño mucho, ó sólo con verla entrar creo que me restableceré por completo.
—Como si lo viera... Procura serenarte ahora, y duerme. Voy á ver si se han dormido esos chavales y á echar un cigarro con ellos si están despiertos. (Sale Cienfuegos.)
—Aristóteles.
—Señor...
—¿Estás aquí? No te veo bien.
—Si estoy aquí...—dijo Centeno, acariciándole las manos, que tenía entre las suyas.
—¿Hay luz en el cuarto?
—Sí.
—Me pareció que estaba esto muy obscuro. Pues lo que es mis ojos bien claro ven. Á tí te distingo como un bulto. ¿Sabes una cosa...?