—Llámate á Cienfuegos. ¡El pobre...! Quiero darle una sorpresa. Verás qué alegre se pone.
Felipe salió. Deseaba estar un momento fuera para dar expansión á la pena que le ahogaba. Cuando se presentó en la cocina con un puño en cada ojo, los amigos, alarmadísimos, sospecharon un mal suceso.
—Que vaya usted, señor de Cienfuegos,—fué lo único que dijo Felipe.
Y él se quedó allí, llorando con gran desconsuelo. Don José Ido no estaba presente; pero sí Rosita, la cual creyó muy del caso consolar á su amigo con las frases propias de la ocasión, entremezcladas de suspiritos:
—Hijo, es preciso conformarnos con la voluntad de Dios. ¡Ay, Jesús, qué mundo éste!... No hay más que penas.
El Doctor se limpió las lágrimas, y serenándose un tanto habló así con su amiga:
—Chiquilla, ¿por qué no vas á acostarte? ¿Qué haces tú por aquí á esta hora?
—Puede ofrecerse algo... ya ves... Hasta que papá no se acueste... Vaya un escándalo que hubo esta noche, ¿lo oíste? cuando vino la señora aquélla, loca... Dicen que esa señora lava la sal antes de echarla en el puchero... ¿Pues y la chubasca?... ¡Lo que te perdiste! Ella no se quería marchar; pero tanto le dijo el señor de Ruiz... ¡Ay! hijo, el señor Ruiz es como un predicador. Dice mamá que para obispo no tiene precio. Ahora está durmiendo. ¿No oyes sus ronquidos?... Pues la Tal salió hecha un veneno. Yo subía la escalera cuando ella iba para abajo. En cada descanso se paraba y volvía los ojos para arriba. Daba miedo verla. El señorito Poleró bajó con ella, y el señorito Arias también. Los dos se reían y le decían cosas... «Mujer, no te enfades... no hagas caso de ese farsante de Ruiz...» El señorito Poleró la pellizcaba. ¡Qué pillos!... ¿eh? y ella tan seriota...
—Rosa—dijo don José, presentándose de improviso en la puerta de la cocina,—acuéstate al momento. Es muy tarde.
Notó Felipe en su amigo una exaltación, un extraño júbilo, que hacía, sobre su apenado semblante, efecto parecido al de los fuegos fatuos. Sus mechones bermejos parece que tendían á engalanarle el rostro como guirnalda de triunfo.