—No, tú no eres memo; pero eres un grandísimo pillo.
Otra negativa del héroe, pero tan enérgica, que á poco más se le cae la cabeza de los hombros.
—Ya... Lo que no tiene duda es que eres mudo.
El héroe sonrió un poco, y con trémula, pero muy clara voz, dijo así:
—No, hombre, que sé hablar.
Desde la puerta del Observatorio viejo, otro joven, bastante menos joven que Miquis y Cienfuegos, dió dos ó tres gritos de esta manera:
—¡Eh, perdidos! ¡Juan Antonio!... caballeros, ¡que estoy aquí!
Cienfuegos corrió hacia arriba, y cuando estuvo junto á Ruiz, que así se llamaba el auxiliar de astrónomo, el primer saludo fué:
—Mira ese tonto de Miquis.
—¿Qué hace? ¿Con quién habla?