—Quemar El Grande Osuna...—murmuró Alejandro con visible esfuerzo, que parecía un tanto doloroso.—Es detestable... Es feo y repugnante como mi enfermedad. Todo lo que contiene resulta vulgar al lado de la excelsa hermosura artística que ahora veo, al lado de esta creación de las creaciones, que titulo El Condenado por confiado... Es la salud, es el vivir sin dolor... Aquí veo otra figura, otra belleza suprema... Á su lado aquélla es fealdad, impureza... podredumbre... consunción...
—¡Quemar El Osuna!... no, señor... ¡qué dirá la señorita Carniola..!
Miquis, ya con los ojos cerrados, hizo contracciones de disgusto. Creeríase que tragaba una cosa muy amarga, muy amarga... Más que habladas, fueron estertorizadas estas palabras:
—La aborrezco...
Felipe le observaba... Cienfuegos le puso la mano en la frente... Momento de terror... Inmenso sueño aquél.
—Se ha dormido,—murmuró Felipe atónito.
—¡Qué muerte tan dulce!—dijo Cienfuegos.
VI
La escena representa el interior de un coche de alquiler. En el fondo, Aristóteles y don José Ido ocupan el asiento principal; á izquierda y derecha, cerradas portezuelas con ventanillas, cuyas cortinas verdes agita el aire. Veterano corcel tira con trabajo de la escena, á la cual preceden otros cinco vehículos de igual aspecto mísero, con sus cortinillas, su dormilón cochero y su caballo claudicante. La fila marcha perezosa, por calles y caminos, siguiendo á otro armatoste poco agradable de ver, cosa negra y desapacible, sobrecargada de tristeza y duelo.
Ido.—(Acariciando él hombro de su amigo.) Pues esto no tiene ya remedio, amigo Felipe, bueno es que te vayas conformando con la voluntad de Dios, y pongas ya término á tus lágrimas, ayes y suspiros. Empiezas á vivir; tienes mucho mundo por delante; estás en edad en que los duelos pasan pronto, sin dejar huella. No quieras hacerte superior á tus años prolongando tu dolor más de lo que corresponde, y desmintiendo tu niñez florida. Ánimo, hijo, y considera que estos trances aflictivos son los mejores maestros que podrías desear para instruirte en el gobierno de tí mismo y en todo el saber de la vida. (Sintiéndose inspirado.) Considera que esto es para tí ventajoso, pues entras en los combates del vivir, no desnudo y sin armas, cual entran los más, sino ya vestido con cota de dolor y resguardado tras el durísimo broquel de la experiencia; y francamente, naturalmente... yo, en tu lugar, me alegraría de haber visto lo que has visto, de haber pasado lo que pasaste... No seas tonto: encontrarás ahora colocación mejor y amos generosos que te protejan...