Poleró, que le tenía cariño, le llamaba:
—Ponte á estudiar, Felipe. No le revuelvas los papeles á tu amo. Ven á mi cuarto... Siéntate aquí, á mi lado. Coge tu libro.
Y él se ponía á estudiar Analítica y Mecánica. El Doctor leía también un poco; pero aburrido muy pronto, salía y entraba para matar el fastidio.
—Estate quieto. Me estás distrayendo. Mira que te pego... ¿Quién anda ahora por el pasillo?
—El señor de Zalamero.
—¿Pero estaba en casa Zalamero?
—Sí, señor. Ahora salía del cuarto de la patrona.
Poleró rompió á reir. Endeble tabique separaba su cuarto del de Zalamero, y en él daba algunos golpes el maligno catalán diciendo:
—Zalamerín, ¿estabas en casa?
No respondía el otro. Mas Poleró, saliendo al pasillo, se ponía á toser fuerte.