—Señor.
—¿Ha entrado Alberique?
—Ahora llega. Voy á abrirle la puerta.
Oíanse pasos de elefante.
—Hola, amigo Alberique... ¿no sabe usted lo que hemos tenido aquí?
—¿Qué... ¡verbo! qué?
—Fuego. Por poco nos quemamos todos.
—¿En dónde, verbo?
—Ya está apagado...
—Váyanse ustedes á... ¿En dónde está mi cuarto? ¡Felipe, condenado, verbo!... trae luz: no se ve.