Pero el catalán, por seguir la camorra, decía:

—¿Y usted qué sabe si yo tengo talento ó no?...

Virginia, deseando paz, daba algún dinero á su fornido esposo para que se fuese á correrla al café ó al billar. Ya se sabía que el morazo no había de volver hasta la madrugada.

Volvió Poleró al cuarto-casino á referir la escena. Felipe no descansaba un momento en la noble tarea de hacer el café. Salía y entraba con éste ó el otro recado del comedor al cuarto, del cuarto á la cocina.

—Doña Virginia, que si quiere usted café.

—No, hijo: que les aproveche.

—Doña Virginia, que me dé usted otra taza.

—Que manden por ella á la cacharrería.

En el cuarto crecía el barullo y se espesaba la atmósfera.

—No eches todavía el agua caliente.