—Quita allá —contestó don Fernardo, apartándose con horror del joven—. Tú no eres quien yo creí... Tú eres de casta de borrachos y traidores.

Recibió Salvador con paciencia el insulto, y empinando el codo, dijo:

—Puesto que usted no lo quiere, no se desperdiciará tan buen vino. Se lo quitamos a unos arrieros que venían de la Nava.

La cabeza de Monsalud, de poca resistencia para la bebida, a causa de su antigua sobriedad, luego que su cuerpo recibió aquel trasiego, se desorganizó completamente; se oscurecieron sus facultades; desmayó su cuerpo; entrole de improviso la innoble estupidez y el repugnante cinismo de que había dado ya algunas pruebas en la conferencia con su madre, y perdió su carácter, su generosidad, su buen juicio, su discreción; perdiolo todo, para no ser más que un vulgar soldado.

—Señor Garrote... —dijo tambaleándose—, adiós... Parece que se mueve el piso... ¿Por qué baila usted?

—Vete, vete, déjame solo —replicó don Fernando sin mirarle.

—¡Bonito fin han tenido las campañas del padre Respaldiza y del señor Navarro! —exclamó lanzando una carcajada de imbecilidad que retumbó en la estancia como un eco infernal—. ¡Bonito fin!... ¡Échese su merced a guerrillero!... ¡Quién lo había de decir!... aquí tenemos al primer caballero del condado, el de la llave dorada, el gran don Fernando Garrote, que quiso derrotar él solo los ejércitos de Napoleón... ¿Por qué no trajo consigo a Carlitos para que le sacara del paso?... Me hubiera gustado ver a todo el hato de salteadores de caminos distribuidos en estas cámaras reales, esperando la orden del coronel... ¡Adiós, señor don Fernando Quijote, adiós... buen viaje!...

Don Fernando se acercó a Salvador, y asiéndole el brazo y apretándole con tanta fuerza como si su mano fuese una tenaza de hierro, le dijo sombríamente:

—Salvador, cuando me saquen de este calabozo haz fuego sobre mí: mi destino es ese, mi castigo no será el castigo que merezco, si no sucede así. ¡Dios lo quiere!

—¿Fuego yo? —repuso el joven con sonrisa de demente—. Yo me voy... Salgo de guardia ahora... Entrará otro... No quiero matar... me da mucho temblor y me pongo malo.