—De la campaña. Toda la división está en movimiento. ¿No oyes las carcajadas al otro lado del Zadorra?

—Sí, ya las oigo.

—Buena hora has escogido para dormir —añadió el francés intentando poner en pie al aturdido joven—. Arriba, muchacho, que nos vamos.

—¿A dónde?

—A Vitoria con el convoy grande.

—¡Con el convoy grande! —repitió Salvador alargando los brazos, cual si quisiera alcanzar el cielo con ellos—. ¿Pues no ha salido ya?

—¡Bestia! El vino te ha puesto el entendimiento del revés. Salieron los carros que llevó consigo el general Maucune.

—¿Y nosotros salimos ya, o estamos aún aquí? —preguntó Salvador—. Juro a usted, señor Jean-Jean, que no lo sé.

—Te lo explicaré a puñetazos —repuso el formidable dragón.

Zumbido lejano atrajo entonces la atención de todos.