—En lenguaje sencillo —dijo Mejía—, ha expresado Sánchez la idea de que mientras no se puede realizar una insurrección que dé la victoria al pueblo, se hagan manifestaciones patrióticas con objeto de que se nos considere como un elemento importante, capaz de cualquier cosa en el gobierno o en la oposición.
—A eso iba —indicó Regato con acento magistral—. En pocas palabras, señores: el gobierno dice blanco, pues nosotros decimos negro; el gobierno quiere coles, nosotros lechugas; el gobierno dice por aquí no se va, nosotros decimos por ahí iremos.
—El gobierno dice no más clubs, nosotros respondemos vengan clubs.
—El gobierno quiere poca Milicia, nosotros mucha Milicia.
—El gobierno perdona a los absolutistas, pues condenémosles nosotros.
—Condenémosles, caballeros —gritó el tratante en corambres—. ¡Botijos! Si nosotros no hacemos la justicia, ¿quién la va a hacer?
Dando golpecitos en la mesa con el fondo del vaso, después de beberse el contenido, entonó esta canción:
Ay le-lé, que toma que toma,
ay le-lé, que daca que daca,
ya no bastan las razones,