apelemos a la estaca.

—El ciudadano don Bruno ha tocado el punto más delicado de la política actual —dijo Regato—. El pueblo, señores, no debe consentir la impunidad de quien ha trabajado y trabaja aún en contra del pueblo.

—¡Botijos!... No.

—De ninguna manera.

—Consentirlo sería gravísimo desacierto —afirmó Sarmiento.

—Como me llamo Pelumbres, tan cierto es que todo el día he estado pensando en que debíamos hacer justicia, porque podemos y debemos hacerla. Y si el pueblo no es soberano para esto, ¿para qué lo es?

—A fe de Mejía, sostengo que cuando los jueces son inmorales y corrompidos, el pueblo no tiene más remedio que echársela de juez.

—Pues con una palabra basta —afirmó el tratante en pellejos.

—Es preciso sacar a Vinuesa de la cárcel antes que le indulten.

—Y ahorcarle —dijo Sánchez, apretándose su propia garganta.