—Coram populo —murmuró Sarmiento.
—¡Botijos! A las doce en punto.
—Y ahora —dijo Regato levantándose—, a prepararse. La cosa puede ser sencilla si el gobierno deja a la Milicia en la guardia de la cárcel. Pero si pone tropa...
—¡Si se atreve a poner tropa, entonces...!
—Que ponga tropa —gritó Pelumbres dando un puñetazo—, y se hará justicia a la tropa.
—Eso es, justicia a la tropa.
—Porque no es más que justicia.
—Esta noche hay otra vez asamblea, señores —dijo Regato con misterio—. Mucho cuidado con los caballeros comuneros de corbatín almidonado y palabrejas finas. Dirán, como esta noche, que estamos locos.
—¿Se guardará secreto?
—Hasta donde se pueda; pero hay que reclutar gente, mucha gente.