—Pues entonces...

—Usted no carece de talento —dijo Regato sonriendo—, y, sin embargo, no comprende mi idea. Siga aquí la guardia de milicianos... Supongamos que viene eso que usted llama populacho...

—Y que los milicianos, recordando que son hombres de honor, españoles y cristianos, defienden la entrada.

—No... supongamos que no la defienden.

—Entonces entra la canalla.

—Eso es, entra...

—Abre el calabozo.

—Abre el calabozo... y no encuentra a Vinuesa.

—¡Ah! ya... Que se escape.

—O que se esconda.