—Pero sus enemigos le buscarán.
—Que le busquen. Con tal que no le encuentren...
—Pero ya sabe usted que cuando la ferocidad popular pide una víctima, si no se le da...
—Sacrifica al primero que encuentra.
—Es posible que la falta de Vinuesa la pague otro preso, quizás más inocente que él... No, no me conviene ese plan.
—¿Y qué nos importa que la falta de Vinuesa la pague otro?
Monsalud miró a Regato con tanta severidad, que el dos veces gato entornó sus párpados para mirar al suelo.
—¡Ah!, ya comprendo —dijo afectando buen humor—. Usted no quiere que le toquen a su Gil de la Cuadra, que es, entre paréntesis, el más malo de todos y el que merecería cualquier castigo.
—Es verdad que le protejo —dijo Salvador.
—Como que se ha metido usted en esta inmundicia solo por salvarle.