—¡Pruebas! Está loco. Cállese usted. Esto es una farsa... ¡Pero ese hombre no viene, Santo Dios!

—Pruebas, sí. Ponga usted la mano sobre el costado derecho, en la pechera del uniforme mío que tiene puesto. ¿Qué hay en ese bolsillo?

—Un bulto, una cartera.

—Un paquete. Sáquelo usted.

—Ya está. Cartas...

—Lea usted...

—¿Qué es esto? Una carta firmada Amézaga.

—Siga, hojee usted ese precioso libro. Tras esa joya vendrá otra.

Gil de la Cuadra, acercándose al ventanillo por donde entraba una débil luz, recorría una tras otra con ardiente curiosidad las cartas.

—A prisa, a prisa. Pase usted todas las primeras. ¿Qué viene ahora?