—Entre paréntesis, no sería malo... Conque ahora sí que me voy de veras.
Estrechó Pipaón sucesivamente la mano de cada uno de sus tres amigos.
—Ya nos veremos luego en las oficinas de la Comisión.
—Pues qué, ¿hay algo nuevo?
—Hombre, no se puede desamparar a los amigos.
—¡Recomendaciones! —vociferó el brigadier mostrando su fiereza—. Por vida del Santísimo, que eso de las recomendaciones y las amistades me incomoda más que la evasión de un prisionero. Así no hay justicia posible, señor Pipaón; así la justicia, los castigos y las purificaciones no son más que una farsa.
El terrible funcionario se cruzó de brazos, conservando fuertemente empuñado el símbolo de su autoridad.
—Es claro —añadió Romo por espíritu de adulación—, así no hay justicia posible.
—No hay justicia —repitió Regato como un eco del cadalso.
—Amigo Chaperón —dijo el astuto Bragas con afabilidad y desviando un poco del grupo al comisario para hablarle en secreto—, cuando hablo de amigos me refiero a personas que no han hecho nada contra el régimen absoluto.