—Tengo que hacer —repuso la huérfana tocándose el pecho para ver si se le habían perdido las cartas—. Hay cosas que no se pueden dejar para mañana.
—Es verdad —dijo la muñeca poniendo un hilo entre los dientes—. Si yo pudiera dejar esto para la semana que entra, lo dejaría... Parece que estás contenta...
—Siempre no hemos de estar tristes.
—¿A dónde fuiste esta mañana?
—A comprar un vestido.
—¿Y a dónde vas ahora?
Sola vaciló un instante, porque era preciso mentir y su inventiva no era grande.
—A comprar otro —repuso al fin.
—¡Qué lujo!... —exclamó Elena en son de amistosa burla.
—¡Qué quieres tú...! Es posible que tenga que salir de Madrid para ir a...