—¿Y por qué no se ha de casar?
—Porque yo soy muy desgraciada..., no te rías..., la más desgraciada de las mujeres —exclamó la doncella llorando como una Magdalena—, y además, porque he sido mala, muy mala y Dios me está castigando.
—¿Qué has hecho?
—Escribí una carta a Angelito —dijo Elena observando su pañuelo.
—Eso sí que no me lo habías dicho.
—Pensaba decírtelo hoy... Le he escrito dos cartas.
—¿Dos?
—No..., me parece que han sido tres..., o quizás sean cuatro.
—¿Cuatro?
—La verdad, amiga de mi alma: llevo escritas cinco cartas.