—¡Orden! —gritó Chaperón señalando a la víctima su asiento.
La huérfana, que había acopiado gran caudal de resignación, volvió a su sitio y tan solo dijo:
—Si tengo valor para sacrificarme por un inocente, también lo tendré para calumniarme.
—¡Calumniarse!... ¿Seguimos con las palabrejas retumbantes? Pasemos a otra cosa. ¿Ese desuellacabras te ha escrito muchas veces?
—Seis veces desde que está en Inglaterra.
—¿Te ha hablado de sucesos políticos?
—Muy poco, y por referencia.
—¿Conservas las cartas?
—No, señor: las he roto.
—Ya lo averiguaremos. ¿Se ha anotado el domicilio de la reo?