Electra. ¡Y cuando supiera que la comida está hecha por mí!...

Máximo. Chica, ¿sabes qué este arroz está muy bien, pero muy bien hecho...?

Electra. En Hendaya,[62] una señora valenciana fue mi maestra: me dio un verdadero curso de arroces. Sé hacer lo menos siete clases, todas riquísimas.

Máximo. Vaya, chiquilla, eres un mundo que se descubre...

Electra. ¿Y quién es mi Colón?[63]

Máximo. No hay Colón. Digo que eres un mundo que se descubre solo...

Electra (riendo). Pues por ser yo un mundito chiquito, que se cree digno de que lo descubran, ¡pobre de mí! determinarán hacerme monja, para preservarme de los peligros que amenazan a la inocencia.

Máximo (después de probar el vino, mira la etiqueta). Vamos, que no has traído mal vino.

Electra. En tu magnífica bodega, que es como una biblioteca de riquísimos vinos, he escogido el mejor Burdeos,[64] y un Jerez[65] superior.

Máximo. Muy bien. No es tonta la bibliotecaria.