Máximo. No insistirá usted.
Marqués. Se declarará vencido.
Pantoja (con fría tenacidad). Yo no me creo vencido. La razón siempre está victoriosa, y yo me estimaría indigno de poseer la que Dios me ha dado y guardo aquí, si no la pusiera continuamente por encima[75] de todos los errores y de todos los extravíos. No, no cedo. Máximo, los metales que arden en tus hornos son menos duros que yo. Tus máquinas potentes son artificios de caña si las comparas con mi voluntad. Electra me pertenece: basta que yo lo diga.
Electra (aparte). ¡Qué terror siento!
Máximo. Si quiere usted asegurarse del poder de su voluntad, pruébela contra la mía.
Pantoja. No necesito probarla ni contigo ni con nadie, sino hacer lo que debo.
Máximo. El deber, esa es mi fuerza.
Pantoja. Un deber con móviles terrenos y fines accidentales. El deber mío se mueve por una conciencia tan fuerte y dura como los ejes del Universo, y mis fines están tan altos que tú no los ves, ni podrás verlos nunca.
Máximo. Súbase usted tan alto como quiera. A lo más alto iré yo para decirle que no le temo, ni Electra tampoco.
Pantoja. Caprichudo es el hombre.