Electra. Avergonzadísimos. Empieza tú.

Máximo. Tú... Para que se te quite la vergüenza, dime una gran mentira: que no me quieres.

Electra. Dime tú primero una gran verdad.

Máximo. Que te adoro. (Se aproximan.)

Electra. ¡Falso, traidor! Toma esta rosa que he cogido para ti. Es pequeñita y modesta. Así quisiera ser siempre para ti tu chiquilla. (Se la pone en el ojal.)

Máximo (con admiración). ¡Corazón grande, inteligencia superior!

Electra. Aumenta corazón y rebaja inteligencia.

Máximo. No rebajo nada.

Electra. ¿Sabes? Quisiera yo ser muy bruta, muy cerril, para llegar a ti en la mayor ignorancia, y que pudieras tú enseñarme las primeras ideas. No quiero tener nada que no sea tuyo.

Máximo. Ideas hermosas y sentimientos nobles te sobran. Dios te ha dotado generosamente colmándote de preciosidades, y ahora te pone en mis manos para que este obrero cachazudo te perfile, te remate, te pulimente.