Electra. Te vas a lucir, maestro: yo te digo que te lucirás.

Máximo. Haré una mujer buena, juiciosa, amante... ¡Vaya si me luciré! (Mira su reloj.)

Electra. No te detengas por mí. Miremos ante todo a las obligaciones. ¿Tardarás mucho?

Máximo. No creo... Estaré aquí cuando Evarista vuelva de misa.

Electra. ¿Y nuestro Marqués ha venido, como nos prometió?

Máximo. En casa le dejo, escribiendo una carta para su notario. ¡Incomparable amigo!... ¡Ah! ¿no sabes? Anoche, cuando volvimos a casa, le referí tu novela paterna... la novela de dos capítulos.[81] Está el hombre indignado... pero en ello vamos ganando, que así le tenemos a nuestra completa devoción, y con más alma y cariño nos defiende.

Electra (sorprendida). ¿Pero necesitamos defensa todavía?

Máximo. En lo esencial, claro es que no... ¿Pero quién te asegura que los rivales de nuestro amigo no nos molestarán con dificultades, con entorpecimientos de un orden secundario?

Electra (tranquilizándose). De eso nos reiríamos.

Máximo. Pero riéndonos... debemos prevenir...