Pantoja. Dichosa hoy. ¿Y mañana?
Electra. Mañana más... Y siempre más, siempre lo mismo.
Pantoja. La alegría verdadera y constante, el gozo indestructible, no existen más que en el amor eterno, superior a las inquietudes y miserias humanas.
Electra (adornado ya el cabello, se pone flores en el cuerpo y talle). ¿Salimos otra vez con la tecla[97] de que yo he de ser ángel...? Soy muy terrestre, Don Salvador. Dios me hizo mujer, pues no me puso en el cielo, sino en la tierra.
Pantoja. Ángeles hay también en el mundo; ángeles son los que en medio de los desórdenes de la materia saben vivir la vida del espíritu.
Electra (mostrando su cuello y talle adornados de florecillas. Óyese más claro y próximo el corro de niños). ¿Qué tal? ¿Parezco un ángel?
Pantoja. Lo pareces siempre. Yo quiero que lo seas.
Electra. Así me adorno para divertir a los chiquillos. ¡Si viera usted cómo se ríen! (Con una triste idea súbita.) ¿Sabe usted lo que parezco ahora? Pues un niño muerto. Así adornan a los niños cuando los llevan a enterrar.
Pantoja. Para simbolizar la ideal belleza del Cielo a donde van.
Electra (quitándose flores). No, no quiero parecer niño muerto. Creería yo que me llevaba usted a la sepultura.