Pantoja. Yo no te entierro, no. Quisiera rodearte de luz. (Se va apagando y cesa el canto de los niños.)
Electra. También ponen luces a los niños muertos.
Pantoja. Yo no quiero tu muerte, sino tu vida; no una vida inquieta y vulgar, sino dulce, libre, elevada, amorosa, con eterno y puro amor.
Electra (confusa). ¿Y por qué desea usted para mí todo eso?
Pantoja. Porque te quiero con un amor de calidad más excelsa que todos los amores humanos. Te haré comprender mejor la grandeza de este cariño diciéndote que por evitarte un padecer leve, tomaría yo para mí los más espantosos que pudieran imaginarse.
Electra (atontada, sin entender bien). Abnegación es eso.
Pantoja. Considera cuánto padeceré ahora viendo que no puedo evitarte una penita, un sinsabor...
Pantoja. A ti.
Electra. ¡Una penita...!