Cuesta. ¡Adorable muñeca! Quiera Dios hacer de ella una mujer de mérito.
Pantoja. De la muñeca graciosa, de la niña voluble, podrá salir un ángel más fácilmente que saldría de la mujer.
Cuesta. No le entiendo a usted, amigo Pantoja.
Pantoja. Me entiendo yo... Mire, mire como juegan. (Alarmado.) ¡Jesús me valga![12] ¿A quién veo allí? ¿Es el Marqués de Ronda?
Cuesta. Él mismo.
Pantoja. Ese corrumpido corruptor. Tenorio[13] de la generación pasada, no se decide a jubilarse por no dar un disgusto a Satanás.[14]
Cuesta. Para que pueda decirse una vez más que no hay paraíso sin serpiente.
Pantoja. ¡Oh, no! ¡Serpiente ya teníamos! (Nervioso y displicente, se pasea por la escena.)
Cuesta. Otra cosa: ¿no se ha enterado usted de la millonada que les traigo?
Pantoja (sin prestar gran atención al asunto, fijándose en otra idea que no manifiesta). Sí, ya sé... ya... Hemos ganado una enormidad.