El Marqués; Máximo, que recorre la escena muy agitado con inquietud impaciente y recelosa.
Marqués. ¿Qué dices a esto?
Máximo. Que ese hombre, de superior talento para fascinar a los débiles y burlar a los fuertes, nos volverá locos.[107] Yo no soy para esto. En luchas de tal índole, voluntades contra voluntades, yo me siento arrastrado a la violencia.
Marqués. ¿Qué harías, pues?
Máximo. Llevármela de grado o por fuerza. Si no tengo poder bastante, buscarlo, adquirirlo, comprarlo; traer amigos, cómplices, un escuadrón, un ejército... (Con creciente calor y brío.) Renacen en mí los tiempos románticos y las ferocidades del feudalismo.
Marqués. ¿Y eso piensa y dice un hombre de ciencia?
Máximo. Los extremos se tocan. (Exaltándose más.) A ese hombre, a ese monstruo... hay que matarlo.
Marqués. No tanto, hijo. Imitémosle, seamos como él astutos, insidiosos, perseverantes.
Máximo (con brío y elocuencia). Seamos como yo, sinceros, claros, valientes. Vayamos a cara descubierta[108] contra el enemigo. Destruyámosle si podemos, o dejémonos destruir por él... pero de una vez, en una sola acción, en una sola embestida, en un solo golpe... O él o nosotros.
Marqués. No, amigo mío. Tenemos que ir con pulso. Es forzoso que respetemos el orden social en que vivimos.