Marqués. Me ha entrado súbitamente el delirio por la maquinaria y por los fenómenos eléctricos... Chifladuras de la ancianidad.
Don Urbano (a Máximo). Vaya, que sacarás un buen discípulo.
Evarista. Sabe Dios... (maliciosa) sabe Dios quién será el maestro y quién el alumno.
Marqués. A propósito del maestro: siento que por estar presente, me vea yo privado de decir de él todas las perrerías que se me ocurren.
Evarista. Vete, Máximo; vete para que podamos hablar mal de ti.
Máximo. Me voy. Despáchense a su gusto las malas lenguas. (Al Marqués.) Abur, siempre suyo. (A Evarista.) Adiós, tía.
Evarista. Anda con Dios, hijo.
Marqués (a Máximo, que sale). Hasta la noche... si me dejan. (A Evarista.) ¡Hombre extraordinario! De fama le admiré; tratándole ahora y apreciando por mí mismo sus altas prendas, sostengo que no ha nacido quien pueda igualársele.
Evarista. En el terreno científico.
Marqués. Y en todos los terrenos, señora. ¿Pues qué...?