«Eso, eso... por ahí duele—dijo el ex-coronel, arrimándose al partido de Maximiliano—. ¡El alma!... Estos señores materialistas creen que con variar el nombre a las cosas han vuelto el mundo patas arriba».

—Pero si ya te he dicho...—argüía sofocado Juan Pablo.

—Déjame que acabe...—No es eso... ¡qué cuña!

—Volvemos a lo mismo. ¿No me conozco yo en mí, uno, consciente, responsable?

—¡Otra te pego! Pero ven acá...

—Aguarda. Si yo me reconozco íntimamente en la sustancia de mi yo...

Se expresaba con exaltación sin dejar meter baza a su hermano, y este, en cambio, no se la dejaba meter a él, y simultáneamente se quitaban la palabra de la boca.

—Espérate un poco... no es eso.

—Allá voy... yo vivo en mi conciencia, por mí y antes y después de mí.

—¡Ah!, pero lo primero es distinguir... Mira...