—¿Pues a dónde vamos, mi capitán?

—A Francia, bruto —me respondió con su habitual rudeza—. ¿No sabes que somos prisioneros de guerra? ¿Crees que nos dejan aquí para muestra?

—Señor, yo creí que nadie se metería ya con nosotros.

—Estamos en Gerona como enfermos; pero quieren que vayamos a convalecer a Perpiñán. Nos detienen tan solo porque el Gobernador no se halla en situación de poder ser llevado en un carro de municiones.

—¡Ojalá no lo estuviera en cien meses!

—Bárbaro, ¿qué dices? —gritó amenazándome.

—No, mi capitán; no es que yo desee otra cosa que la salud de nuestro queridísimo Gobernador D. Mariano Álvarez de Castro; pero eso de llevarle a uno a Perpiñán es casi tan malo como lo que hemos pasado. Pero pues así lo mandan los que pueden más que nosotros, sea, y por mí no ha de quedar. No a Perpiñán, sino al fin del mundo iré con mis jefes, mayormente si llevamos entre nosotros al gran gobernador.

Yo hablaba así, echándomelas de bravo; pero en realidad sentía profunda pena al caer en la cuenta de que era un prisionero de guerra, de cuya libertad y residencia los franceses disponían a su antojo. ¡Desgraciado el que en la guerra pone su afición en lugares y personas que no han de poder seguir tras él en los frecuentes e inesperados viajes a que impulsan la victoria o la desdicha!

Cuando volví al lado de Siseta, casi derramando lágrimas me expresé así:

—Prenda mía, ¿ves cuán desgraciado soy?... Ahora me llevan a Francia como prisionero de guerra, con todos los demás militares que estamos aquí, desde D. Mariano hasta el último ranchero. ¡Si te pudiera llevar conmigo, Siseta!... Pero mi capitán, el Sr. D. Francisco Satué, es el primer perseguidor de muchachas que hay en toda Cataluña, y le tengo miedo. Ahora me ocurre, Siseta, que mientras yo tomo el camino de esa condenada Francia, a quien vería de buena gana comida de lobos, tú con tus dos hermanos debes marcharte a la Almunia de Doña Godina, donde está mi madre, y esperarme allí, cuidándome las haciendas, hasta que me suelten, o Dios disponga de la vida de este pecador.