El sacristán tomó el ramo.

—No, lo que es mientras yo dirija esto—manifestó la señora de Amarillo gravemente,—no se vuelven á poner las tales flores sobre el pobre animalito.

—Hay algo, señoras, aquí hay algo que no comprendemos.

—Yo he visto al asnito dar coces y tirar las alforjas—afirmó la Gobernadora de las armas.—Sí, señoras, lo he visto.

—¡Jesús, lo que dice esa mujer!—exclamó con terror Teresita.—Yo no he visto nada de coces, pero aquí hay algo, indudablemente aquí hay algo.

—Eso no tiene duda—repuso Cachorro con cómica gravedad tirando de la oreja al asno.—Aquí hay algo. Cuando yo digo que este bergante tiene malas mañas.

—Hermano Cachorro—dijo Teresita,—hágame usted el favor de tomar ese ramillete y ponerlo sobre una silla. Yo no lo toco con mis manos.

—Ni yo.

—Pues ni yo.