—Esto es muy húmedo—dijo Caifás.—No se detenga usted.

—Ya veo las cruces... ¡cuántas cruces!... y esa mole blanca...

—Es el sepulcro que se está construyendo para D. Juan de Lantigua.

Morton se quedó más frío, más asombrado, y en su pecho se enroscaba una serpiente que no le permitía respirar.

—¿El Sr. D. Juan...—murmuró,—está aquí?

—Junto á él pasamos—dijo Caifás, descubriéndose.—Los pequeñitos están aquí á la derecha.

Morton se descubrió también.

—Ese gran enterramiento que se está labrando—añadió José,—es para toda la familia.

—¡Para toda la familia!... ¿Pero tú vives aquí... en este triste sitio?